Ya apagaron las luces de las calles
que paseaban cogidas de mi mano.
Yo sigo paseando a veces solo
buscando algún recuerdo en el asfalto.

Ya apagaron las luces de las calles
el triste amanecer del que ya ha amado,
el triste corazón que añoró un beso
que jamás, en verdad, le habían dado.

Ya apagaron las luces de las calles
por las que yo iba siempre enamorado,
por donde iba pensando que era amor
lo que solo era andar por el asfalto.

Ya apagaron las luces de esas calles…
Ni siquiera sé ya por dónde ando.
Ni siquiera me saben a recuerdos
las lágrimas de ayer que voy pisando.

Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
mis hojas ya habrían volado a tus oídos.
Si fuera tan fácil amar como sentir miedo,
mi amor ya sería temblando tu primer hijo.
La voz es la más triste agotadora de manos,
portavoz de la vergüenza del amor prohibido.
Si fuera tan fácil amarte en tus mejillas,
no olerían tan mal las noches que paso contigo.
Los sueños de mi esperanza son sueños terribles.
Mi amor es así: solo me duermo cuando escribo.
Si fuera tan fácil acostarme en tus pestañas,
no harían mis besos de triste papel su camino.
Van cayendo noches de la pasión de mi alma,
cada vez me quedan menos frases con sentido.
No importa que busque entre mis hojas versos tuyos.
No importa. Los ojos se me caen cuando te miro.
No importa que afine mi voz tu dulce paso.
No importa. La lengua se me seca si suspiro.
Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
sería esta una hoja en blanco y tú el amor mío
y yo la fuente que lanza versos verdaderos
al desnudo pecho de tu mar. Como un río.

Dominamos la física.
Tiramos un calcetín
y cae justo
donde queremos que caiga.
Nos sentamos en el lugar exacto de una silla
con el centro justo
entre nalga y nalga.

Dominamos la física.
Aparcamos sin problemas muchas veces,
le damos la velocidad precisa
a las cosas que hace falta.
Nos aprendemos de memoria
largas listas de palabras.

Dominamos sin duda la física.
No hay más que observar una pantalla.
Encendemos la luz cuando queremos.
Nos secamos con una toalla.
Nos tapamos si hace frío
y nos bronceamos en la playa.
Hacemos rimas consonantes
y el oído disfruta al escucharlas.
Incluso hacemos canciones con la boca
y sacamos ritmos
de los objetos con menos gracia.

Dominamos la física. No hay duda.
Y muchas ciencias más. También la magia.
Sí. Controlamos muchas cosas;
hasta el más inútil es capaz de controlarlas.
Pero aún hay algo que nos falta dominar,
después de tanta noche a ello dedicada.
Todos lo sabemos:
nos falta, sin duda, dominar el corazón,
pero ahí nadie se salva.

Se acaba el verano
otra vez
cada año lo mismo
aunque distinto cada vez.
Da igual que se presente un buen otoño,
da igual que no haya ya nada que perder,
siempre tengo ese tonto día de verano
con la pesada sensación de tener que volver a nacer.
Siempre hay algo que me ata al pasado,
una cuerda que no rompo porque sería demasiado fácil de romper,
una carga donde lo que más pesa
es todo lo que me ha salido hasta ahora bien.

Se acaba el verano
y es normal que tenga sed,
estoy lejos del mar,
lejos de donde el presente es más fácil de entender.
La naturaleza entera
mira al cielo para ver cómo empieza ya a llover,
cómo empiezan ya los días
en los que se va mostrando nuestro verdadero color de piel,
esos días que tanto me abruman ahora,
pero que son en los que al fin y al cabo te empecé a querer,
esos mismos días en los que puedo volver a hacer cosas distintas
otra vez.

Se acaba el verano y es triste,
pero no tanto como cuando llueve y no se sabe por qué

Elegía a un padre que se fue despacio

Se fue yendo despacio
acostumbrando mi corazón a la tristeza.
En su larga enfermedad
nadie me dio más amor sobre la tierra.

Se fue yendo despacio,
tan despacio que aún parece que estuviera.
Tan despacio se fue
que la muerte se convirtió en su compañera.
Fue cayendo en el dolor para adecuarme
a cualquier sufrimiento que alguna vez tuviera.
Se posó suavemente en los brazos de la muerte
para que nunca en su recuerdo la temiera.

Y ahora en mis sueños
noche a noche silencioso entra
y me roba con su sonrisa tan mía
poco a poco los pedazos de tristeza.
Y para que no llore
me recuerda
cuando los dos nos guiñábamos el ojo
y nos poníamos aquella cara de extrañeza.
Y me hace vivir otra vez
los momentos que jamás pensé que volvieran
y me hace sentir otra vez
que en alguna parte, qué más da dónde,
mi padre seguirá siendo el que siempre era

¿Por qué me ha tocado a mí ver cosas
que otros parece que no ven?
¿Por qué estoy tan seguro de que otros se equivocan
y, sin embargo, no hago más que intentarles creer?
¿Por qué me callo siempre cuando gritan?
¿Por qué soy tan fácil de convencer?
¿Por qué me hicieron ver las cosas
como si estuvieran hechas de papel?
¿Por qué les digo solo lo que quieren
y me adapto a sus maneras de ser?
¿Por qué sigo dejándoles creer que sienten
y que saben cómo es mejor en verdad ser?
¿Por qué por dentro solo hago caso a las preguntas
que nadie ha sabido nunca responder?

Soy el llamado a convencer al mundo
pero sé que es el mundo el que me va a convencer.
Soy como el que sigue hablando solo
cuando ya todo lo suyo se le fue.
Soy como el que ve cosas desde lejos
que, incapaz de cambiarlas, preferiría no ver.
Soy como el que grita bajo el agua,
o al que le sigue gustando un poema aunque esté arrugado el papel.
Soy como el que cree que son malos sus regalos
porque siempre se le rompe el papel al envolver.
Soy como el que ve pasar los años
y solo ve en ellos señales de que en verdad no era él.
Soy el que siempre ha esperado ser alguien
que en verdad no se ha atrevido nunca a ser.

Por eso, para librarme del cargo de conciencia escribo de reojo
poesías que simulo que no quiero que se lleguen a leer,
como el que quiere aparentar querer que muera
dejando abandonado en medio del bosque a su bebé.

Te quiero como nadie en el mundo te ha querido.
Mis ojos te señalan, mis manos solo miran,

mis versos van remando en el río del cariño.

Te quiero como nadie en el mundo me ha querido
y tú que tienes miedo te escondes en tu pecho.

«¡Cómo te puedo amar sin pedirte nada a cambio!»
Tus miedos se baten en duelo con tus sueños.

Daría todo para que no existiera nadie
tan feliz como tú y como yo, pues, en silencio.

Las ganas de quererte me salen de la boca.
No hay nadie más que tú que se merezca mis besos.

De noche pienso en ti y te acaricio por el aire,
no importa que sea solo imaginación tu cuerpo.

Porque estar a tu lado es el más bello tesoro,
más bello que saber que nuestro amor es eterno.

Porque te echo de menos los días que me faltas
aunque mi corazón se niegue a reconocerlo.

Es tan grande mi amor para ti que estoy seguro
que nadie te querrá nunca como yo te quiero.

Y si el amor se acaba como dicen algún día
yo inventaré otro nombre para amar, ¡te lo prometo!

Te quiero como nadie en el mundo me ha querido.
Como nadie en el mundo te ha querido, te quiero,
porque tú para mí eres el miedo que se vence
porque tú para mí eres… el amor verdadero.

Ahora ya que todo pasó.
Ahora ya que ni nos echamos de menos,
que ya tenemos fotos con otros y no pasa nada.
Ahora que todo es distinto, pienso:
¿Para qué sirvió todo?
¿Qué sentido tuvo aquello?
¿De qué sirve el amor
que solo dura un tiempo?
¿Es verdad como pienso ahora
que no fue amor verdadero?
¿Es posible encontrar
el amor eterno?
¿Son los amores más puros
solo los que recuerdan los muertos?
¿Cómo es posible verse tan distinto
en tan parecidos recuerdos?
¿Es que al acabar con alguien
renacemos?
Ahora que ya todo pasó,
ahora que hablo de ti y no me inquieto,
ahora que tiene razón quien decía
que todo lo curaría el tiempo.
Ahora con menos tristeza que entonces.
Ahora pienso:
¿Fue aquello en verdad necesario
para que ahora sea todo perfecto
o podría haber llegado al mismo sitio
directo?
No lo sé.
Solo espero
haber acabado ya el camino
y saber que todo, da igual qué,
fue para esto.

Hoy siempre será mañana
Wislawa Szymborska

Es que mañana
ya no será el día siguiente.
Las cosas tienen sentido como mucho
cuando suceden.

Es que mañana
hoy ya no será nada,
a pesar de nuestra desviación genética
de recordar las cosas pasadas.

Es que mañana
es la presunción del hombre
de cercar el tiempo,
como si el tiempo no fuera el motivo de todas las decepciones.

Es que mañana
puede que ya esté muerto
y no cambiará nada,
solo se desestabilizarán algunos planes y recuerdos.

Es que mañana no existe
y el ahora es tan pequeño, que si pensamos
es por esa perversión de la materia
de unirse para ser algo.

Cojamos sin pensar una millonésima parte de un segundo
o un átomo.
Y dejemos que el tiempo gire a nuestro alrededor
sin poder inyectarnos ya ni futuro ni pasado.

Yo pensé que superar algo
era solo dejar pasar el tiempo
como con una picadura
o como una toalla que se seca con el viento.

Yo pensé que superar algo
no era más que dejar de pensar en ello,
distraerse con la vida,
ir recordando poco a poco
lo que se hacía cuando se tenía más tiempo.

Por eso cuando apareció en sus ojos
la misma silueta que el día que le di aquel beso
tuve la misma sensación
que cuando me caigo en un sueño.

Y entonces comprendí que superar algo
no es solo seguir estando despierto,
no es solo sentarse a esperar,
es andar, andar y caerse al suelo.

Y que es mejor si el tiempo pica
y que es más rápido secarse si hace mucho viento
y que no está mal si nos distrae la vida
con recuerdos.

Solo así
habría podido superar aquello
y al verme reflejado en su mirada
me habría visto igual, pero más viejo.