A veces se me atascan las penas
y quiero llorarlas pero no salen.
Y entonces parece que no se puede hacer ya nada
para que la tristeza acabe.

A veces se me atascan los versos
y quiero escribirlos pero no caen.
Y entonces parece que nunca caerán
y que habrá poesías siempre que me amarguen.

Es mejor ahí dejarlo todo,
dejar que todo pase.
Ya habrá tiempo para las lágrimas
y para que los versos se levanten.

La tristeza tiene días
con ansia de ser sangre,
de querer tenernos siempre
oliendo como ella a tarde.

Por eso hay que ignorarla,
que no nos amenace,
que asusta, sí, estar triste,
pero es raro que al tiempo no se pase.

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