Puedo inventar poemas.
Y me salen bien. Son bonitos.
Pero no se pueden comparar
con los que te escribo a ti. Son muy distintos.
Porque contigo es como si le dieras una patada a un balón
y la estallaras porque por un hueco la válvula se había salido.
Tú tocas el alma de mis cosas.
Es como si me mantearas cuando escribo.
Es como verlo todo estando muerto,
pero seguir vivo.
Es como no entender nada al escribir,
pero entenderlo todo cuando ya está escrito,
como sumergirme en las profundidades del amor
y no entender qué he hecho hasta que no he salido.
Contigo es más sencillo encontrar
el camino que he creído tomar cada vez que he escrito.
Contigo sé mucho mejor lo que me pasa.
Sé quién he intentado ser siempre,
contigo.
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No me digas que sea menos humilde.
No me digas que tengo que saberme vender.
Los hay que lo hacemos todo siempre mal,
pero al final resulta que lo hemos hecho todo bien.
Si aprendí a ser humilde fue porque la vida
me demostró que celebrar no sirve para nada
porque siempre se vuelve a perder.
Si aprendí a no contentarme con nada
fue porque empecé a encontrar siempre un motivo más para crecer.
Me convencí de que se puede llegar más lejos,
de que hay siempre algo que nos queda por aprender
y da igual que no sepamos vendérselo a otros,
ellos al fin y al cabo se contentan solo con ser.
Pero yo soy humilde porque siento que soy poco,
porque me parecen solo pasos intermedios lo que termina bien,
porque me asusta terminar antes de haber llegado
o haber llegado pero haber hecho el camino al revés.
No me digas que sea menos humilde,
que creerme poco es mi manera de entender
que no quiero venderle a nadie nada
hasta que no sepa verdaderamente lo que es.
Se puede poner la cara con forma de sonrisa
sin estar sonriendo.
Se puede abrir los brazos y apretar
sin estar dando un abrazo.
Se puede estar leyendo un libro bueno
y no querer seguir leyendo,
respirar sin oler,
dejarse llevar,
dar patadas al aire
y sentirse solo rodeado de palabras, de libros,
de historias que no quieres que sucedan,
pero que ya ves que van sucediendo
a tu alrededor,
y que eres el eje que no gira,
pero el eje de otro mundo,
de otra soledad,
de otra vida.
Y puedes poner cara en forma de sonrisa
sin estar sonriendo,
y, aun así, sonreír.
Pero eso nadie lo ve
y, por eso, nadie te sigue leyendo.
A veces me disgusto con la vida
y quiero pensar que no sirve para nada.
A veces me gustaría que se demostrara que somos un error
y decírselo a todos los que se ríen a la cara.
A veces siento que no hay solución,
que no merece la pena buscarla,
que la mejor manera de disfrutar de la vida es olvidándola.
Esas veces miro al cielo
y se me meten para dentro las lágrimas
y me voy sintiendo más feliz
cuanto más voy sintiendo que no soy nada.
Pero me asusta la alegría.
Me asusta que la felicidad se parezca tanto a la ignorancia,
a no hacer nunca preguntas
por si nadie sabe contestarlas.
Entonces bajo la vista y miro al suelo
y voy recuperando mi amarga esperanza.
Me quedo un momento callado
y sonrío al ver que se me cae una lágrima.
La vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente
Felipe Benítez Reyes
Puede que siempre hayas podido permitírtelo,
incluso que hayas invitado a otros a vida,
pero sabías que en algún momento
tus ahorros se acabarían.
Derrochaste mucho, fuiste generoso,
hacías lo que creías que debías.
No entendías que la gente no entregara como tú
tanto amor como de jóvenes sentíais.
Y te quedaste atrás,
dejaste de poder pagar la vida.
Y te asustaste.
Pero llegó ella
con tanta vida contenida.
Y encontraste ese billete entre las páginas del tiempo,
ese beso que guardaste, por si acaso, un día,
esa lágrima olvidada,
esa forma de ser tan tuya que creíste que nunca volvería.
En el fondo sabías que en algún momento
no podrías permitirte la vida
y guardaste ese poco
aun suponiendo que no valdría.
Pero llegó ella
y te enseñó a gestionar tu alegría,
te enseñó que no está mal ser generoso,
que el precio de las cosas no funciona igual que el precio de la vida,
que en el amor cuanto más se gasta
más se confía,
que la vida así te da más préstamos
y como mucho te los pide de vuelta en forma de poesía.
Sé que en el lugar que sea
estarás orgullosa de mí por olvidarte
Elvira Sastre
¿Te acuerdas de que te dije
que no pasaba nada por que lo dejáramos,
que todos los amores se superan?
Pues sí, lo superé. Supongo que tú también,
aunque hayas tenido como yo muchas noches de impaciencia.
Al final hasta me alegré
de haberme dado a tiempo cuenta.
Me alegré, sí,
quererte era llevar la vida a cuestas
y cuanto más cargada de tristeza estaba
más me creía que podía con ella.
¿Te acuerdas de que te dije
que no hacía falta enfadarse,
que era mejor acabar de buenas,
y que aunque al principio nos costó dejar de querernos
pronto nuestros labios se convirtieron en piel demasiado seca?
Pues sí, fue lo mejor
y creo que para olvidarse poco a poco no hay mejor manera.
¿Te acuerdas de que te dije
que pronto encontraríamos a alguien cada uno
que de verdad mereciera la pena?
Pues yo la encontré, sí,
y me enteré de que tú encontraste a alguien también,
aunque al principio nadie quería que lo supiera.
Y ya todo pasó
y ya solo me acuerdo de ti por algunas fechas.
Pero ¿sabes en lo que no caí entonces?
En que si pude superar nuestro amor
es porque de verdad todos los amores se superan.
Por eso ahora he perdido esa forma de querer
en la que me siento más fuerte que la vida y la llevo a cuestas.
No sé si será bueno o malo,
pero como te quise a ti ya no creo que quiera,
con ese empeño irreflexivo de que todo salga bien
que es capaz de llevarse por delante a la imprescindible tristeza.
Me voy a morir pronto.
Sí, lo he decidido.
No. No me voy a suicidar.
Es morirme lo que necesito.
Es verlo todo desde fuera,
es saber lo que la gente opina cuando me haya ido.
Es saber si de verdad
sirve para algo todo lo que he sido,
si todavía me queda algo que dar
o si puedo estropear todo si sigo.
Me voy a morir pronto.
Sí, ya está decidido.
Aunque si hace falta volveré,
porque esta vez no es un suicidio
A veces querer es la opción más fácil.
No nos llevamos bien, pero te quiero.
Ahora no nos apetece besarnos,
pero eso ya lo hablaremos luego,
que ahora no me apetece estar
un mes echándote de menos.
A veces querer es la opción más fácil.
¿Qué más da que nuestra relación sea peor que la de ellos?
Hemos conseguido aprender a aparentar
que nos queremos,
lo que sea para que no nos vuelvan a recriminar
que seguimos solteros.
A veces querer es la opción más fácil
y no importa lo que digan los recuerdos.
Ellos conocen como nosotros nuestro miedo a estar solos
y a ser distintos al resto.
A veces querer es la opción más fácil
en este mundo en el que demasiados tequieros
se dicen por temor a estar
vergonzosamente solteros
Tú te acuestas y me dejas así solo
en las horas en las que más sabes que pienso.
Y se pasean mundos por mi cuarto
y hasta toco la vida y solo yo la entiendo.
A veces llego hasta a olvidarme de ti.
Lo siento.
Pero es que llego a olvidar hasta que existo.
Escribo mucho y leo.
Y tú dormida como si no pasara nada,
como si no estuviera soltando versos tristes por el techo.
Al día siguiente te despiertas
y mis versos y yo disimulamos y nos posamos por el suelo,
como juguetes que cobran vida por las noches
y por el día vuelven a convertirse en juegos.
Ahora ya en serio.
No me hables de poesía.
No me hables ni de ritmo ni de falta de emoción.
No me digas que tus versos son poesía.
Que el vacío que me dan cuando los leo
es muy distinto
del que sentí el día que ella me dijo adiós.
No me hables de estructuras,
ni de rimas sin color,
que en ellas no cabe ni el trozo más pequeño de mi alma
ni encuentra un rincón donde esconderse del mundo mi corazón.