La vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente
Felipe Benítez Reyes

Puede que siempre hayas podido permitírtelo,
incluso que hayas invitado a otros a vida,
pero sabías que en algún momento
tus ahorros se acabarían.
Derrochaste mucho, fuiste generoso,
hacías lo que creías que debías.
No entendías que la gente no entregara como tú
tanto amor como de jóvenes sentíais.

Y te quedaste atrás,
dejaste de poder pagar la vida.
Y te asustaste.
Pero llegó ella
con tanta vida contenida.
Y encontraste ese billete entre las páginas del tiempo,
ese beso que guardaste, por si acaso, un día,
esa lágrima olvidada,
esa forma de ser tan tuya que creíste que nunca volvería.
En el fondo sabías que en algún momento
no podrías permitirte la vida
y guardaste ese poco
aun suponiendo que no valdría.

Pero llegó ella
y te enseñó a gestionar tu alegría,
te enseñó que no está mal ser generoso,
que el precio de las cosas no funciona igual que el precio de la vida,
que en el amor cuanto más se gasta
más se confía,
que la vida así te da más préstamos
y como mucho te los pide de vuelta en forma de poesía.

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