Calamar que a la mar debes tu vida,
no dejes que la tinta te acorrale,
no dejes que lo oscuro que te sale
camufle tu mirada perseguida.

Calamar que al amar diste tu vida,
no dejes que el recuerdo te apuñale,
pues no existe en el mundo quien te iguale
al amar, calamar amoricida.

Calamar, calamar, la tinta es triste,
la negra soledad no es el secreto,
no creas en la oscura mar que viste.

Calamar, calamar, no estés tan quieto,
ve a buscar a la amada que perdiste
pues te amará otra vez, te lo prometo.

Ya no hay nada en el amor que sepa a nuevo
Todo lo fueron alumbrando las estrellas
y ese es el horrible problema que tienen
todas las cosas bellas.

Cuando quise darme cuenta
de por qué ya nunca amaba
esperé a ver si pasaba
de largo la tormenta.

Y a la luz de las estrellas
amé todas las poesías.
Pero me cansé de ellas…
sobre todo de las que más me conmovían.

Y así me pasó con cada cosa,
con cada palabra de amor que me dijiste
Y así me pasó con cada pétalo de rosa
y con las lágrimas que ya
no me ponen nunca triste.

Cuando el cielo vuelve al cauce del deseo
y las estrellas solo son piedras en el fondo.
Cuando el corazón navega con la soledad del viento
y aunque navega entre las flores, navega solo.
Entonces, no hay corazón que alumbre el cielo,
no hay mirada que se gire y diga todo,
no hay recuerdo que aún parezca verdadero,
no hay silencio de cristal que no esté roto.

Y uno empieza a comprender que en la vida
los ángeles solo son ángeles cuando están lejos
y una estrella que titila
puede llevar muerta mucho tiempo.

Y el cielo vuelve al cauce del deseo
y, a veces, el deseo se convierte en certidumbre
y, poco a poco, van perdiendo los secretos
su belleza cuando el viento los descubre.

Quizás no hiciera falta que escribiera
Garcilaso aquellos versos para ti
ni que Bécquer con sus rimas me enseñara
a soñar, a querer y a sonreír.

Quizás se haya quedado hace ya tiempo
la poesía en un tintero sin jardín
y los que sienten no lo saben
y a los que saben ya no les quedan ganas de sentir.

Quizás no debió haberse arrancado
Machado aquella espina por sufrir
porque al hacerlo se la arrancó al mundo
y el mundo poco a poco va dejando de latir.

Y si tu amor es una espina que se clava
y duele… pero hace al corazón latir
yo me clavaré mil espinas en el pecho
y escribiré miles de versos para ti.

Pues si gracias a aquellos que escribieron
mil versos de amor te conocí
para que tú me ames como a ellos,
no tengo más remedio que escribir

y lloraré si es lo que debo
y sufriré si hay que sufrir
porque eso es todo lo que puedo
darte a cambio de hacerme revivir.

Se van mis manos fuertes quedando sin respiro
y el soplo de mi alma pierde su inocencia.

¿Quién va? ¡No le conozco! ¡Es un extraño
que se adueña de mi cuerpo con violencia!

No soy quien fui, quien un día te amara.
Perdí por el camino todas mis reservas,

mis recuerdos de ti, mis estrellas en el cielo
se perdieron todas en la soledad más negra.

No soy quien fui, pero, ¿quién soy si no te amo?
A las puertas de la vida mi nombre te recuerda.

Mi nombre ya no es nada si tú no lo susurras
si tus labios no acarician cada una de sus letras.

Se va mi corazón derritiendo poco a poco;
mi alma, un bulto más, duerme arrugada en la maleta.

Ya no soy quien era. ¡Me robaste! ¿Dónde me escondes?
Ya que no soy quien soy, déjame al menos ser quien era.

Estoy vacío. Tú llenaste mi casa con tus cosas
y ahora ni siquiera tengo mis antiguas penas.

Por eso aprieto fuerte las manos contra el cielo
y odio como nunca a la poesía traicionera

y quisiera borrar todos los versos que te honran
para que en la distancia nunca más te quieran.

Es el final. No tengo nada. Sólo tenía estas palabras
y las desterré a este papel para que no vuelvan,

para que no me recuerden a ti alguna noche
cuando por fin consiga ser quien antes era.

Ya ves, prefiero estar vacío, sin soledad, sin letras,
antes que volver a dejar
que el amor se olvide de quién era.

En lo raro del tiempo me encuentro tu mirada
rodeada de otra vida, otros gestos, otros tiempos.
¿Por qué hoy, esta noche de falsas coincidencias?
¿Por qué quiere el destino guardarte en mis recuerdos?
Me miras. Te conozco. Te miro. Me conoces.
¿No apareciste ya en algún otro de mis sueños?
Aquella discoteca. Tu voz insuficiente.
La distancia recuerda que no nos conocemos.
La oscuridad de nuevo a los dos nos acorrala.
El destino no existe… Ni el amor verdadero.
¿Para qué desperTar con tu imagen en mi cama
si seguro que aún sigues con copas de otros versos?
¿Para qué lamentar eSta espera de tenerte
si por las mañanas se me olvida que te espero?
Y tú, disimulando, ¿por qué no te me acercas
y me cambias la espera por un saco de besos?
Y yo, disimulando que estás en todas partes,
¿por qué no me termino la poesía y me acerco?
Es difícil amar y es difícil ser maldito.
Es difícil querer sin saber decir te quiero.
Y el saber que nunca te amaré desde más cerca
me reconcilia ausente con la palabra «lejos».
Y ahora que esta noche me ha vuelto a recordarte,
deduzco que la casualidad no es un misterio
que en el mundo, al fin y al cabo, somos poca gente
y el mundo, al fin y al cabo, es bastante pequeño,
y si te he vuelto a ver esta noche donde siempre
no es porque cada noche llores por mí en silencio,
sino porque desde la tierra se ven pocos ángeles
y esta noche me he vuelto a quedar mirando al cielo

Se quedó sin ser el poeta que iba a ser.
Sus 20 años se quedaron congelados en el viento.
Las palabras se olvidaron
y los sueños se durmieron.
La juventud se dedica a escribir poesías
y la vida, verso a verso, las va destruyendo.

Pero hay versos dorados,
versos de oro que el poeta no comprende,
versos que consiguieron despegarse del viento,
versos que iluminaron una noche estrellada,
versos que dejaron de ser versos.

Y ahora, cuando se lean
las palabras del poeta que nunca llegó a serlo,
se entenderá que la poesía
está más allá del poeta, más allá de los versos
y más allá de la vida
que los va destruyendo.