¿A dónde se fue, Pepe,
la última vez que la viste?
¿Por qué sólo se fue detrás de ella
tu mirada triste…?

¿A dónde se fue, Pepe?
¿Por qué razón no la seguiste
por el camino empedrado de adioses
si estabas tan triste?

¿A dónde se fue, Pepe,
la última vez que la viste?
¿Por qué no quisiste ir a ese lugar?
¿Por qué no quisiste?

No es cansancio, ni es miedo ni es pereza
lo que sientes desde el corazón a la cabeza.
No es flaqueza.
Lo que sientes, Pepe,
lo que sientes es tristeza.

Es amargo sabor por la certeza
de haber dejado ir el amor y su pureza.
No es blandeza.
Lo que sientes, Pepe,
lo que sientes es tristeza.

Tu alma con la muerte no tropieza
ni el aburrimiento de lágrimas la enjaeza.
No bosteza.
Lo que siente, Pepe,
lo que siente es tristeza.

No murió él;
murió el poeta.
Murió el ángel
capaz de distinguir lágrimas entre la lluvia.
Murió el niño.

No murió él;
murió el poeta.
Murió el ángel
que encontraba cisnes en las nubes.
Murió el niño.

¡Llorad!
Porque no murió él,
murió el poeta
que lloraba los días grises.
Murió el niño.

A veces me gustaría dejar de comprender,
igual que los animales,
y que lo bello fuera inútil para mí
como lo son los fuegos artificiales.

Me gustaría a veces no entender,
como le pasa a los ríos,
y así olvidar que los cauces que recorro
estarían sin mí mejor, vacíos.

A veces me gustaría no tener
ojos como, yo qué sé, los mirlos,
no porque ya no quiera luz
sino para no poder ni siquiera abrirlos.

A veces me gustaría no pensar,
ser como una roca,
y así no estremecerme cada vez
que tu mano me hace daño pero no me toca.

Si hubiera sido ella… ¡claro!
pero tampoco fue
ni esta que viene ahora
ni la que se fue con él.

Si hubiera sido ella… ¡tonto!
ella nunca fue
y tú lo sabías entonces
pero no lo querías saber.

Si hubiera sido ella… ahora
ya no tendrías por qué
seguir suspirando por alguien
que nunca fue.

Has vuelto derramando mi vida por el suelo.
Los años que creí que me alejaban de tu lado
me han llevado al mismo sitio del que me fui.
Las poesías me engañaron,
las estrellas señalaron el lugar en donde estabas,
el refugio del amor donde te escondía de mí.
Has sido lo que fuiste y te he amado como siempre
y he vuelto a estremecerme al darte un beso,
y las fotos que en mi cuarto se resistieron a morir
sonríen y me miran tiernamente
probablemente porque saben que nunca me olvidé de ti.
Has vuelto a deshacer mis noches de vacío en lágrimas.
Has echado por tierra todo lo que aprendí para enterrarte.
Atraviesas las murallas que construí en los años,
en los años en los que menos ganas tenía de vivir.
Me has dejado contando los días para verte.
Me has dejado inventando excusas para no besarte,
para no darte los pocos sueños que entonces no te di.
Has vuelto y sé que no debería
reconciliarme con las cosas que odié cuando nos fuimos
ni escuchar los recuerdos que amordacé cuando me fui
ni envainar las armas que prometí usar contra ti cuando volvieras
ni dejar de pensar y seguir.
Has vuelto y debería ser fuerte
como cuando dejé de verte y aprendí a querer yo solo
y aprendí a hablar a otras chicas que no se parecían a ti.
Ya soy otro pero a tu lado vuelvo a ser el mismo
y siento que fueron inútiles las noches en que aprendí a odiarte,
las noches que dedicaba a recordar cómo me hundiste
y me enseñaste que el amor también fracasa, y tiene fin.
Ya soy otro, probablemente otro.
Tú lo sabes. No te importa.
Sea como sea tú eres otra y no te irás hasta que te apoderes de mí.
Por eso has vuelto, porque ahora sabes
que yo tenía razón cuando decía que el amor era eterno,
cuando te prometía que nos querríamos siempre
y tú te quedabas callada porque no sabías qué decir.
Has vuelto y, ¿sabes lo peor de todo?
Que en el fondo de mi alma sé que debería amar de nuevo
que eres la mujer de mi vida y que jamás encontraré a otra
que cumpla los años el nueve de abril,
pero en lo más hondo de mi pecho
un recuerdo abandonado me dice que no vuelva a amarte
como aquella tarde tan rara en la que te pedí
tu corazón para siempre mientras te daba el mío
sin saber que jamás volvería a mí.
Y es en estas noches, en las que sé que has vuelto,
cuando más ganas tengo de volver a tu lado
cuando menos ganas tengo de volver junto a ti.

Perdí la felicidad,
no sé, fue un día,
de repente vi que poco a poco
se me había ido acabando la alegría.

Perdí las ganas de vivir,
no sé, fue una noche,
de repente vi que las estrellas
ya no alumbraban en mi nombre.

Perdí las esperanzas,
no sé, fue una tarde, o dos, o tres, o cuatro.
El futuro fue cerrando las pestañas
al bajar la persiana de mi cuarto.

Y un día, sí, lo sé, aquel día
escuché aquella música, vi esas fotos
y al salir de mi cuarto sonriendo
supe que volvía a ser otro.

Ella no tenía azules las pupilas
ni los labios de un rojo encarnado
Solo tenía una sonrisa muy dulce
y una flor en cada mano.

Ella no cantaba todas las mañanas
ni siquiera sabía tocar el piano
No sabía nada de pintura
y tenía el pelo castaño.

Sus suspiros no volaban por el viento
se quedaban encerrados en su cuarto
y sus lágrimas no llegaron nunca al mar
porque antes naufragaron.

Así era ella, normal y buena,
esperando, siempre esperando
como todas las chicas que en los versos
se siguen consolando.

Así era ella, una de tantas
buscando por la vida, buscando algo
y mientras conformándose con lo que hay
conformándose mientras tanto

He amado cada letra que no estaba en tu nombre.
He amado cada día que no me recordaba a ti.
He amado cada palabra que no me decías,
que me decían otros, que me decían otras.

He amado los lugares donde no estuve contigo
He amado el olvido de las noches sin pestañas
He amado las mentiras que no te recordaban,
que me recordaban a otros, que me recordaban a otras.

He amado el ruido de las calles sin sentido,
He amado el día en que te dejé de amar
He amado el día en que nos fuimos de repente
y vinieron otros, y vinieron otras

He amado tantas cosas por dejar de amarte…
He creído tantas cosas por apartarte de mí…
He esperado tanto tiempo a que te fueras de mi lado…

Y aún sigues aquí, tan lejos que no importa
y seguirás siempre allí, siempre clavada,
aunque te maten otros, aunque te maten otras
allí clavada
aunque el mundo se resista a aceptar
que yo estoy hecho para ti.