Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
mis hojas ya habrían volado a tus oídos.
Si fuera tan fácil amar como sentir miedo,
mi amor ya sería temblando tu primer hijo.
La voz es la más triste agotadora de manos,
portavoz de la vergüenza del amor prohibido.
Si fuera tan fácil amarte en tus mejillas,
no olerían tan mal las noches que paso contigo.
Los sueños de mi esperanza son sueños terribles.
Mi amor es así: solo me duermo cuando escribo.
Si fuera tan fácil acostarme en tus pestañas,
no harían mis besos de triste papel su camino.
Van cayendo noches de la pasión de mi alma,
cada vez me quedan menos frases con sentido.
No importa que busque entre mis hojas versos tuyos.
No importa. Los ojos se me caen cuando te miro.
No importa que afine mi voz tu dulce paso.
No importa. La lengua se me seca si suspiro.
Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
sería esta una hoja en blanco y tú el amor mío
y yo la fuente que lanza versos verdaderos
al desnudo pecho de tu mar. Como un río.
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Llueve en una noche muy oscura.
Parece que el cielo también tenía ganas de llorar.
Los dos lloramos tristes de ausencia.
Él por la luna, que, con sus propias nubes,
ha tapado.
Yo por tu alma, que, con mis palabras,
he destrozado.
Llueve en una noche muy oscura,
y en la ventana me confunden
con un reflejo del cielo.
Voy rebotando por los versos
como el borracho que rebota por las calles,
ritmo sediento, rimas penosas
y mañana…
palabras resacosas.
Voy rebotando por las calles
como el poeta que rebota por los versos,
whisky sin nombre, copas de prosa
y mañana…
el recuerdo de alguna chica hermosa.
Todo eran sonrisas
hasta que ella vino
con sus ojos enormes
a mirarlo todo,
a enseñarme que la vida
no es solo lo que tengo alrededor.
Todo eran sonrisas
hasta que ella vino
a sacarme las lágrimas
que escondía en mi interior.
Todo eran sonrisas;
no hay más que ver las fotos.
Sí. Todo eran sonrisas
hasta que ella vino aquella noche
a empeorarme a mejor.
A veces se me escapa
querer casarme contigo.
Y tú te asustas.
A veces se me escapa
amarte siempre.
Y tú te asustas.
A veces se me escapa
pensar que no me quieres.
Y tú te asustas.
Y por dentro se te escapa amor
que nunca estuvo,
creer que era verdad que yo existía.
Y te asustas porque el tiempo
me ha traído antes,
antes porque para ti
cualquier momento
habría sido antes,
cuando ya pensabas
que nadie jamás te asustaría
con palabras locas
que se le escaparan de la boca
como si fuera verdad
la vida.
¿Y si no llego a vivir tanto?
¿Jamás te habría conocido?
¿Es el amor tan frágil
que depende de cuánto vivimos?
¡Ay! ¡Cuánto amor verdadero
se habrá quedado entonces perdido
en ese lugar por el aire
donde habitan los suspiros!
¡Cuánta gente habrá muerto
sin haber vivido!
¡Cuántos se habrán quedado
demasiado al principio!
¡Ay! ¡Cuántas muertes intentan demostrar
que el amor no tiene ningún sentido,
que el ser humano solo es algo
que simplemente se mantiene durante algún tiempo vivo!
Poemarios y libros completos
Estos son muchos de mis poemas, cuentos y demás narraciones, publicados aquí para sacarlos del polvoriento olvido que se acumula en mi cuarto:
Luego estamos los que preferimos imaginar (2015)
No es malo estar triste (2015)
La brutal esfera (que es la vida) (2015)
Entre una muerte que nace y una vida que muere (2015)
lo que escribió (o la banqueta)
Vosotros que estáis ahí (2003)
agrias y tristes (2003)
el antiella (2003)
Dulce (2003)
La magia de las luciérnagas (2002)
Dentrelasrosas (2002)
Cien lágrimas (2001)
Antología (1996-2007) (con algunos versos elegidos por mí, seguramente no los mejores, escritos entre los 11 y los 22 años)
Dos poemas de color verde
Estos son dos poemas verdemente inspirados en Lorca que escribí hace ya algún tiempo:
¡Dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Federico Gª Lorca
–¡Dime que me quieres!
–No me dejan tus ojos.
–¡Dime que me adoras!
–No me dejan tus lágrimas.
–Dime que me amas.
–No me dejan tus suspiros.
–¿No me lo dices?
–No, porque eres verde
y tus ojos son verdes
y tus lágrimas son verdes
y tus suspiros son verdes.
***
–¡Dime que me quieres!
–No me deja el corazón.
–¿Entonces no me quieres?
–Sí te quiero, amor.
–¿Aunque mis labios sean verdes?
–A pesar de su color.
–¿Y por qué no me lo dices?
–Porque mis palabras no lo son
Verde viento. Verdes ramas.
Federico Gª Lorca
La sangre es poesía roja,
roja y llena de batallas.
Líquido de amor cansado
y de falsas esperanzas.
La sangre es poesía roja,
roja de vergüenza rara
de la vida adolescente
y el pudor de sus palabras.
La sangre es poesía roja,
roja de muerte lejana,
que, regando el corazón,
quiere con furia alejarla.
La sangre es poesía roja,
roja cuando se me escapa
y la veo ennegrecer
como el miedo de la nada.
Mi poesía es sangre roja,
roja de absurdas palabras
y roja de los latidos
que arremeten contra mi alma.
Mi poesía es sangre roja,
roja y roja en mi garganta.
Yo me limito a escupirla
y a releerla sin ganas.
Mi poesía es sangre roja,
pero tú eres viento verde,
verdes ramas de esmeraldas;
verdes son tus labios tenues.
La sangre es poesía roja
y tú, verde, no la entiendes.
Mi poesía es sangre roja
y aun así, verde me quieres.
Cuanto más busco en el verde
más me desangro en palabras
y más me acerco a la muerte
muy roja sin tu mirada.
¿Cuántas veces me dará tiempo a decirte que te quiero?
¿Cuánto dura la vida?
¿Cuántos días exactos estaré a tu lado?
¿Cuánto durará esta alegría?
Mejor no contar las horas.
Mejor no hacer cálculos en días.
Porque el amor tiene ese don extraño
de hacer que todo acabe durando más de lo que parecía,
de que las horas que pasaron en segundos
al recordar se claven en el alma como días,
como noches en que no estuve a tu lado
aunque en mi pecho apoyada te dormías.
Por eso es mejor no calcular el tiempo ahora,
que no quiero perderte un día
y ver que también perdí la cuenta:
que llegué a quererte más de lo que creía.

