Después de nadar entre las olas,
después de contar inútilmente las estrellas que caben en el cielo
cuando estoy a solas,
después de tanta luciérnaga,
de tanta excusa para no aceptar
que uno no quiere de verdad hasta que no entiende por qué se enamora.
Después de tanta lágrima
que ya no sé si lloraba aposta,
como me siento ahora
es como si estuviera en una colchoneta
tumbado plácidamente sin que me importen las olas,
como cuando de pequeño me quedaba a gusto solo,
pero esta vez sin estar a solas,
como cuando las luciérnagas, las estrellas o las flores dan igual
porque solo son rellenos para el que en verdad no se enamora.

En una colchoneta, sí, con la plácida calma
del que es feliz por fin en el ahora
y aunque sabe que en un tiempo tiene que volver a andar
de momento cierra los ojos cinco minutitos más aposta.

En una colchoneta, sí, contigo…
Ya volveremos a la orilla cuando sea la hora.

Dominamos la física.
Tiramos un calcetín
y cae justo
donde queremos que caiga.
Nos sentamos en el lugar exacto de una silla
con el centro justo
entre nalga y nalga.

Dominamos la física.
Aparcamos sin problemas muchas veces,
le damos la velocidad precisa
a las cosas que hace falta.
Nos aprendemos de memoria
largas listas de palabras.

Dominamos sin duda la física.
No hay más que observar una pantalla.
Encendemos la luz cuando queremos.
Nos secamos con una toalla.
Nos tapamos si hace frío
y nos bronceamos en la playa.
Hacemos rimas consonantes
y el oído disfruta al escucharlas.
Incluso hacemos canciones con la boca
y sacamos ritmos
de los objetos con menos gracia.

Dominamos la física. No hay duda.
Y muchas ciencias más. También la magia.
Sí. Controlamos muchas cosas;
hasta el más inútil es capaz de controlarlas.
Pero aún hay algo que nos falta dominar,
después de tanta noche a ello dedicada.
Todos lo sabemos:
nos falta, sin duda, dominar el corazón,
pero ahí nadie se salva.

¡Cómo echarás de menos cuando me haya marchado
mi voz que tantas veces callaron tus palabras!
La recordarás siempre con el corazón roto
y lamentarás no haber sabido aprovecharlas.

¡Cómo desearás oír mi voz ronca de nuevo
rozando tus oídos con dulzura escarlata!
Sonará su falso eco por las noches
y tú lo apartarás de tus sueños asfixiada.

¡Cómo echarás de menos cuando me haya marchado
mi voz que despreciaste cuando aún eras mi amada!
Y yo te gritaré desde mi soledad triste
sabiendo que ya no me queda por perder nada.

¡Cómo lamentarás no haberme escuchado
en esas dulces noches de olvido solitarias!
Y yo arrojaré a la hoguera del recuerdo
las palabras que no te dije porque tú hablabas.

Ya no hablarás con otros por miedo a no escucharles
y por miedo a dejar sola otra vez tu alma.
Y yo ya no hablaré por miedo a recordarte
cuando me escuche atentamente mi nueva amada.

¡Cómo me echarás de menos cuando me haya ido!
¡Cómo añoraré que tu dulzura me callara!
Y en el mar de tu voz me ahogaré sin resistencia
y el eco de mi voz te ahogará desesperada.

Llorarás perdida las noches de silencio
y yo escribiré versos las noches que me hablabas.
Y todo porque no supimos darnos cuenta
que en mi silencio y en tu voz la vida nos juntaba.

Después de haber amado tanto
parece como si tuviera pinchazos en el alma
y siento la pereza del sudor
que he perdido en mis lágrimas.
Parece que el corazón
también por el amor se cansa:
horas de carrera loca,
kilómetros de esperanza.
Después de tanto amor me quedan
suspiros sin sabor, la voz cansada
y dos labios como uñas
que ya no sienten nada.
Las estrellas se entrometen,
la luna últimamente está pesada.
Las poesías como las rosas
huelen a piedra quemada.
Pero existe algo
más allá de mi cansada alma
porque a pesar de todo siento
ganas de volver a temer la madrugada.

Voy rebotando por los versos
como el borracho que rebota por las calles,
ritmo sediento, rimas penosas
y mañana…
palabras resacosas.

Voy rebotando por las calles
como el poeta que rebota por los versos,
whisky sin nombre, copas de prosa
y mañana…
el recuerdo de alguna chica hermosa.

A veces se me escapa
querer casarme contigo.
Y tú te asustas.

A veces se me escapa
amarte siempre.
Y tú te asustas.

A veces se me escapa
pensar que no me quieres.
Y tú te asustas.

Y por dentro se te escapa amor
que nunca estuvo,
creer que era verdad que yo existía.

Y te asustas porque el tiempo
me ha traído antes,
antes porque para ti
cualquier momento
habría sido antes,
cuando ya pensabas
que nadie jamás te asustaría
con palabras locas
que se le escaparan de la boca
como si fuera verdad
la vida.

Poemarios y libros completos

Estos son muchos de mis poemas, cuentos y demás narraciones, publicados aquí para sacarlos del polvoriento olvido que se acumula en mi cuarto:

Luego estamos los que preferimos imaginar (2015)

No es malo estar triste (2015)

La brutal esfera (que es la vida) (2015)

Entre una muerte que nace y una vida que muere (2015)

Lo que queda de 2007

Recorrer para llegar 2007

Canciones y otras tonterías

Sonetos

Poesías 2005

lo que escribió (o la banqueta)

post amorem (2004)

Vosotros que estáis ahí (2003)

agrias y tristes (2003)

el antiella (2003)

Dulce (2003)

Los ojos del mar me inundan

Pepe Frijuana

La magia de las luciérnagas (2002)

Dentrelasrosas (2002)

Cien lágrimas (2001)

Antología (1996-2007) (con algunos versos elegidos por mí, seguramente no los mejores, escritos entre los 11 y los 22 años)

Y con este quejarme escribiendo
de que todo es en vano,
con estos paradójicos poemas
que no hacen más que dejar claro
que las cosas más bonitas
son las que se nos escapan de las manos,
no para cambiar el mundo
ni para mejorarlo
no para hacer que sea menos triste
ni para sentirnos más humanos,
no para que el mundo sea mejor,
sino para que siga siendo felizmente extraño.

Con este quejarme escribiendo
de la inanidad en la que vagamos,
con este quejarme escribiendo
sigo demostrando
que no importa lo vano que sea todo
que no importa que sea todo vano.
Lo que importa es que seguimos aquí
y que eso no tiene por qué ser malo.

el antiguo poeta

Salió el poeta al fin de su madriguera
con los ojos ardiendo de poesía.
Buscó a los otros.
Nadie respondía a aquellos nombres.
Se le derramaron en la mano los versos que traía,
como agua en la arena,
como ruido en la melodía.
Cruzó las calles que rimaban
y aquellas que habían perdido la rima en las alcantarillas
Se fueron enfriando los caminos de sus ojos,
la melancolía.
Le secaron la lengua las palabras del polvo,
la triste decepción del que no entiende la poesía.
Cantó en las escasas farolas
que aún conservaban encendidas sus bombillas.
Pero no volvió
a la madriguera
ni a escribir en aquel cuaderno de lo que él había llamado poesía
No volvió a firmar en verso
y tiró en cada papelera
como los trozos de una tarjeta de crédito,
cada una de sus rimas
Y siguió para siempre recorriendo calles,
asumiendo lo que había,
asumiendo que después de todo los poetas eran otros
y no era poesía
lo que por las noches con estúpidas y ridículas palabras
en hojas demasiado blancas escribía.

Ya no hay nada en el amor que sepa a nuevo
Todo lo fueron alumbrando las estrellas
y ese es el horrible problema que tienen
todas las cosas bellas.

Cuando quise darme cuenta
de por qué ya nunca amaba
esperé a ver si pasaba
de largo la tormenta.

Y a la luz de las estrellas
amé todas las poesías.
Pero me cansé de ellas…
sobre todo de las que más me conmovían.

Y así me pasó con cada cosa,
con cada palabra de amor que me dijiste
Y así me pasó con cada pétalo de rosa
y con las lágrimas que ya
no me ponen nunca triste.